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domingo, marzo 29, 2015

SARABANDANDO ANDUVIMOS CON POETAS - VIERNES 27 MARZO´15 - TEXTO QUE NOS DEDICÓ TOÑO MORALA EN DOLORES DE POESÍA EN LOS BARES 2015 EN EL BAR BELMONDO

SARABANDANDO ANDUVIMOS CON POETAS - VIERNES 27 MARZO´15

La Orquesta JJMM-ULE y compañer+as del Conservatorio de León preparamos el viernes 27 de marzo´15 un flashmob con la Sarabanda de Haendel, actuando por sorpresa en la sexta convocatoria de la ronda poética Dolores de Poesía en los Bares, y en la sesión 23 del Ágora de la Poesía, en el anfiteatro de San Marcos, donde actuamos por sorpresa.









Toño Morala, uno de los participantes en los Dolores de Poesía en los Bares, en agradecimiento a nuestra pequeña sorpresa, nos dedicó este texto en el Bar Belmondo, una de las paradas de esta ronda poética.

Demasiado tiempo en aquel estuche de madera y terciopelo rojo; demasiado olor a polvo viejo y a resina descompuesta. Abierto a la vida después de tantos años, al luthier le sobrecogía tanta belleza entre sus manos. Nadie osó tocar, ni siquiera abrir el estuche con aquel viejo violín que el abuelo había regalado a su hija más pequeña desde que la tuberculosis se la llevó con apenas doce años. La tristeza en aquella casa fue el pan de cada día durante toda su vida.

Al final, una sobrina ya muy mayor se hizo cargo del violín entre otras cosas, y a su vez, una nieta desempolvó el magnífico instrumento. El luthier miró tiernamente al violín; le quitó las viejas cuerdas, y lo dejó descansar sobre una mesa. Lo miraba fijamente, lo escrudiñaba lentamente; parecía que algo no le cuadraba, y así se pasó unas horas; limpió cuidadosamente el clavijero, desmontó el cordal y el puente… al diapasón le pasó varias veces la mano y sus dedos…, le dio un poco de cera sobre la caja y lo cubrió con un viejo trapo de algodón.

A la mañana siguiente no estaba el violín. No entendía nada, lo había dejado desmontado… al rato llamó a la puerta un viejo con largo pelo lacio y largas patillas. Traía el violín de la niña. Se despojó de la capa, dejó el instrumento encima de la mesa ante la atenta mirada del luthier.

Éste se quedó sorprendido…
y le preguntó que quién era…
el viejo se echó la capa encima y le dijo…
“Anoche me llevé el viejo violín…
y estuve tocando para la niña de las trenzas negras, entre las estrellas y la luna llena…
y me llamo Niccolò Paganini…”